Cuando el cuerpo te pide que pares

Actualizado: 17 de abr de 2019

Te cuento cómo detectar las señales y qué hacer al respecto.


Cada minuto de nuestra vida parece correr a gran velocidad. Vamos de aquí para allá, corremos el ómnibus, llegamos tarde a la clase, salimos tarde del trabajo, llegamos a casa con mil tareas por delante y caemos desmayadas en nuestra cama.


Cuando suena el despertador parece que han pasado cinco minutos desde que nos acostamos y otra vez todo vuelve a empezar. Estamos rodeadas de pantallas, de pendientes, de contraseñas, de obligaciones pero aún así seguimos adelante.

Es entonces cuando nuestro cuerpo nos empieza a enviar señales.

Sin embargo, ignoramos cada una de estas señales y le atribuimos a nuestras dolencias términos tan amplios como: el estrés, la alergia, la edad, etc.

Nunca nos detenemos a tiempo para escuchar lo que nuestro cuerpo nos está diciendo y a veces cuando nuestro cuerpo nos grita, ya es demasiado tarde.

Por eso es muy importante que nos tomemos un minuto de nuestro día para sentarnos, para tomarnos de la mano, para cerrar nuestros ojos y escuchar nuestros latidos.


Todas en el fondo sabemos cuando algo no está bien. Nuestro cuerpo es nuestro, nadie mejor que nosotras sabrá cuidarlo y para ello hay que lograr interpretar lo que él nos está diciendo.

Un cuerpo cansado no se levanta feliz cada mañana, no disfruta de una ducha caliente, no está motivado en el trabajo, no piensa en otra cosa que no sea llegar a la noche para poder dormir Pero si no hacemos algo al respecto, por más que nos acostemos temprano y podamos dormir diez horas, aún así nos levantaremos agotados.

Entonces, ¿qué hacer? Aprender a parar cuando hay que parar. Esto no quiere decir que te deslindes de las obligaciones pero por ejemplo ordenarte, va a ayudar a que tu mente no colapse. Anotá todo lo que puedas, contraseñas, nombres, pendientes, tareas, etc. Tu mente no sentirá la presión de recordarlo todo y entonces se sentirá liberada.

Tomate un café (prefiero jugo verde) con vos misma, regálate un momento en el que solo disfrutes de tu música preferida, del libro que hace mucho tenías pendiente leer, de tu serie favorita. Regalate un masaje, un momento para tirarte al sol. Hacé de esto un hábito, que no solo las obligaciones lo sean.

Si tu piel está seca tomá más agua, si tus ojos están cansados tratá de desconectarte de las pantallas cuando no tenés la obligación de estar frente a ellas.


Si tus rodillas te duelen, intentá hacer algo de ejercicio, de estirar tus articulaciones, de relajar cada parte de tu cuerpo antes de dormir.

Que las cosas cotidianas que hagas sean algo consciente y único. No recordar si te duchaste o si desayunaste es porque no estabas consciente en el momento que lo hiciste.


Observá los alimentos que ingerís en la mañana, masticá con cuidado, apreciá los sabores, los colores. Mientras viajás a tu trabajo elegí mirar por la ventana y no tu celular. No empieces tu día chequeando el correo o tus redes sociales, dejá esto para cuando llegues a la oficina o para otro momento del día. Charlá con tu pareja o tus hijos antes de que cada uno comience sus actividades. Empatizá con ellos.

No te distraigas con cosas banales, enfocate en lo que te hace bien.

Alejá a las personas tóxicas de tu lado pero lo más importante, no te conviertas en una de ellas.


Nutrí tu cuerpo, tu mente y tu alma para que nada en esta vida pase desapercibido y sé consciente de lo malo y de lo bueno para que puedas elegir como vivir cada día de tu vida.


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